La República Dominicana no solo enfrenta problemas visibles… también carga con una crisis que muchos prefieren ignorar: la basura.
Cada calle convertida en vertedero improvisado, cada funda lanzada sin pensar, cada esquina olvidada por la responsabilidad colectiva, se transforma en una amenaza latente.
Y cuando llegan las lluvias, lo que parecía “simple basura” revela su verdadero rostro: drenajes tapados, calles inundadas, enfermedades al acecho… una verdadera bomba de tiempo.
No es solo un fallo del sistema. Es también un reflejo de la falta de conciencia ciudadana.
Porque un país no se ensucia solo… se ensucia con la indiferencia de quienes lo habitan.
Mientras sigamos normalizando tirar basura donde sea, seguiremos siendo cómplices del caos que luego criticamos.
No basta con señalar al gobierno o a los ayuntamientos; el cambio comienza en cada persona que decide hacer lo correcto, incluso cuando nadie la está mirando.
La pregunta no es cuándo colapsará…
La pregunta es: ¿hasta cuándo vamos a seguir siendo parte del problema en lugar de la solución?

