Por: Patria Heredia
La situación que hoy se percibe alrededor de la gestión de la alcaldesa Betty Gerónimo refleja una realidad frecuente en la política contemporánea.
Su desafío de equilibrar la administración pública con el mantenimiento de la estructura política que hizo posible la victoria electoral.
Gobernar implica tomar decisiones complejas, priorizar obras, responder a demandas ciudadanas y enfrentar una oposición que constantemente busca capitalizar cualquier debilidad o desconexión dentro del equipo oficialista.
Sin embargo, también es cierto que muchos dirigentes, coordinadores y militantes sienten que, después de haber entregado tiempo, esfuerzo y compromiso durante la campaña, no han encontrado los espacios de participación, comunicación y cercanía que esperaban dentro de la gestión municipal. Cuando las bases políticas perciben distancia o falta de integración, se genera un vacío emocional y político que termina debilitando la cohesión interna del proyecto.
La oposición ha sabido aprovechar ese escenario para posicionar críticas y fortalecer narrativas de aislamiento político alrededor de la alcaldía. En política, el silencio muchas veces pesa más que las palabras.
Cuando un equipo político no sale de manera organizada a defender una gestión, comunicar sus logros o responder cuestionamientos, la percepción pública puede inclinarse rápidamente hacia el discurso adversario, aunque la realidad administrativa tenga avances importantes.
También debe entenderse que las dinámicas internas de los partidos evolucionan constantemente.
La aparición de nuevos liderazgos y proyectos dentro del Partido Revolucionario Moderno no necesariamente responde solo a ambiciones personales, sino también a la necesidad de muchos dirigentes de sentirse útiles, visibles y tomados en cuenta dentro del escenario político.
Cuando esos espacios no se encuentran en un proyecto determinado, las estructuras comienzan a dispersarse buscando oportunidades de crecimiento y representación.
No obstante, esta reflexión debe analizarse desde una perspectiva equilibrada.
Una gestión pública no puede convertirse únicamente en un mecanismo de satisfacción política interna, porque también tiene la responsabilidad de gobernar para toda la ciudadanía y administrar recursos con criterios institucionales.
El gran reto consiste precisamente en encontrar el punto de equilibrio entre la eficiencia administrativa y el fortalecimiento humano y político de quienes sostienen el proyecto.
La historia política demuestra que las victorias electorales no garantizan estabilidad permanente.
La verdadera fortaleza de un liderazgo se construye después de ganar, manteniendo la capacidad de escuchar, integrar, comunicar y conservar la confianza de las bases.
Un equipo motivado y cohesionado no solo sirve para defender una gestión; también se convierte en el puente entre las autoridades y la población.
En ese contexto, el momento que vive Santo Domingo Norte puede interpretarse como una oportunidad de reflexión y reorganización.
Más que alimentar divisiones internas, el escenario invita a revisar los canales de comunicación, fortalecer la participación política y reconstruir la cercanía entre liderazgo, dirigencia y militancia.
Porque al final, en política, las estructuras no se sostienen únicamente por el poder alcanzado, sino por la confianza, el sentido de pertenencia y la capacidad de mantener viva la conexión con quienes ayudaron a construir el camino hacia la victoria.

